¿Recuerdas cuando internet era poco más que una colección de páginas, vídeos que tardaban una eternidad en cargarse y anuncios que aparecían hasta cuando buscabas cómo quitarte un anuncio de encima? Pues mira por dónde, hemos vuelto a encontrar otra mina de oro digital. Esta vez no se trata solamente de conseguir visitas, ahora también hay que procesar palabras, generar respuestas y contar tokens.
Sí, has leído bien, tokens. La palabra mágica que suena a criptomoneda, a tecnología futurista y a oportunidad de negocio. Tres ingredientes que, mezclados en la dosis adecuada, suelen provocar que alguien abra un canal de YouTube para explicar cómo hacerse millonario antes del próximo recibo de la luz.
Mientras tú utilizas la inteligencia artificial para redactar un correo, resumir un documento o preguntarle qué puedes cocinar con tres huevos y una cebolla, hay empresas construyendo modelos, centros de datos, aplicaciones y servicios para convertir ese uso en ingresos.
Y aquí viene lo divertido, tú,.., tú ves una conversación. El proveedor ve infraestructura, capacidad de procesamiento, consumo y dependiendo del servicio, una factura.
Bienvenidos a la economía de los tokens, donde hasta una coma puede tener trabajo y nadie le paga por horas extra. ¿Qué demonios es un token? ¿Una moneda con complejo de palabra? Vamos desde cero, que tampoco hace falta un máster en física cuántica o ser Sheldon Cooper para entenderlo.
Cuando escribes una frase, tú ves palabras. La inteligencia artificial, en cambio, utiliza un proceso llamado tokenización para dividir el texto en unidades que pueda procesar. Esas unidades se llaman tokens y pueden representar una palabra completa, una parte de ella, varios caracteres o signos de puntuación, según el sistema utilizado. Imagina que escribes:
«La inteligencia artificial transforma los negocios.»
Tú ves una frase perfectamente normal. El modelo la convierte en unidades de procesamiento mediante su sistema de tokenización. No tiene por qué separar cada palabra como harías tú en una clase de Lengua. Puede dividir algunas palabras en fragmentos y tratar otros elementos como unidades independientes. Aquí entran nuestros protagonistas:
Words (palabras): las palabras que escribimos y entendemos normalmente.
Subwords (subpalabras): fragmentos que pueden formar parte de una palabra. Porque, al parecer, hasta las palabras tienen que pasar por recursos humanos y aceptar contratos por piezas.
Punctuation (puntuación): comas, puntos, interrogaciones y otros signos que también pueden formar parte de los tokens.
Tokens: las unidades en las que el sistema divide el contenido para procesarlo.
Por eso, diez palabras no equivalen necesariamente a diez tokens. Tampoco existe una equivalencia universal válida para todos los idiomas, modelos y textos. El sistema de tokenización puede variar según el modelo y el contenido. No es lo mismo procesar una frase sencilla que un documento lleno de códigos, cifras, símbolos o palabras poco habituales.
Para entenderlo, imagina que llevas una caja de piezas de construcción. Tú ves una casa, el sistema necesita identificar las piezas que la componen para trabajar con ellas. Y no, no puedes comprar todas esas piezas, guardarlas debajo del colchón y esperar a que suban de precio. Al menos, no por el simple hecho de que sean tokens de procesamiento de IA.
Ya tenemos el primer mito desmontado, un token de inteligencia artificial no es necesariamente una criptomoneda. Comparten nombre, pero no son lo mismo. Es como confundir un banco financiero con un banco del parque, ambos existen, pero no esperes que el segundo te conceda una hipoteca.
La IA quema tokens, tú preguntas, ¿el contador empieza a trabajar? Cuando escuches que una inteligencia artificial «quema tokens», no imagines pequeñas monedas digitales ardiendo en una hoguera tecnológica. Es una forma informal de hablar del consumo de unidades durante el procesamiento. En muchos servicios de IA hay dos grandes categorías:
1. Input tokens: los tokens de entrada. Son los que corresponden a la información que recibe el modelo tu pregunta, las instrucciones, el contexto y los documentos que le facilitas.
2. Output tokens: los tokens de salida. Son los que genera el modelo para construir su respuesta.
Dependiendo del proveedor y del servicio, también pueden existir tarifas diferentes para otros tipos de procesamiento, como el uso de contenido almacenado en caché. Las condiciones concretas dependen de cada sistema.
Vamos con un ejemplo, para que nos entendamos.
Le preguntas a una IA: «¿Qué es un ETF?».
Consulta breve, respuesta razonablemente corta. Todo parece sencillo.
Ahora le pides un informe de cien páginas sobre los mercados de China, Estados Unidos y Europa, con análisis de empresas, tablas comparativas, escenarios económicos y conclusiones para presentar a un comité de inversión.
Enhorabuena, acabas de convertir una pregunta en un pequeño proyecto de consultoría.
La cantidad de información procesada, el modelo utilizado y la extensión de la respuesta pueden aumentar el coste cuando el servicio cobra por consumo.
Aquí aparece la primera lección empresarial, una respuesta más larga no significa automáticamente una respuesta mejor, pero puede significar más procesamiento.
Así que antes de pedirle a la IA que escriba la enciclopedia universal, piensa si necesitas una enciclopedia o simplemente saber dónde has dejado las llaves. Porque la inteligencia artificial puede parecer magia hasta que llega la factura de la API. Entonces desaparece el mago, se encienden las luces y aparecen los servidores, la electricidad y el departamento financiero preguntando quién autorizó semejante fiesta.
¿Dónde está el negocio? Pista, no consiste en comprar tokens y rezar
Aquí empieza la parte interesante para quienes quieren entender la economía digital más allá de pulsar un botón y esperar que aparezca el dinero.
La economía de los tokens de IA gira, entre otras cosas, alrededor de la infraestructura, el procesamiento de información, los modelos, las aplicaciones y los servicios que se construyen sobre ellos.
Empresas como OpenAI, Google, Anthropic y otros proveedores ofrecen diferentes servicios de inteligencia artificial. Sus modelos comerciales pueden incluir suscripciones, consumo de API, contratos empresariales y otras fórmulas de pago.
¿Y qué es una API? Explicado sin necesidad de invocar a los dioses de la programación, es una forma de permitir que un programa se comunique con otro servicio. Por ejemplo, una empresa puede incorporar inteligencia artificial a su aplicación para resumir documentos, responder preguntas, clasificar información o ayudar a sus clientes. En lugar de desarrollar un modelo desde cero, puede contratar el acceso a uno existente y pagar según las condiciones del proveedor.
El proveedor cobra por su servicio. La empresa intenta resolver un problema. El cliente espera obtener algo útil.
Todos contentos, hasta que alguien descubre que el negocio cuesta más de lo que ingresa.
Imagina una aplicación que cobra dos euros por realizar una tarea. Si entre el procesamiento, la infraestructura, el mantenimiento y la atención al cliente se gastan tres euros por operación, tenemos una situación empresarial fascinante.
Por cada cliente, la empresa pierde un euro.
Multiplica eso por cien mil clientes y ya no estamos ante una pequeña anécdota contable. Estamos ante una forma bastante creativa de financiar la felicidad ajena. No hace falta que una IA analice los datos para detectar el problema.
El negocio no consiste únicamente en generar tokens. Consiste en conseguir que el valor que aportas supere lo que cuesta producirlo. Una frase sencilla, pero aparentemente demasiado aburrida para algunos gurús que prefieren hablar de ingresos pasivos desde una piscina.
De las visitas web a los tokens: otra revolución digital y la misma pregunta de siempre. Retrocedamos unos años, a aquella época en la que internet empezaba a convertirse en un enorme escaparate comercial.
Las páginas web querían visitas. Los blogs buscaban lectores. Las empresas aprendieron que captar la atención podía tener valor económico. Después llegaron diferentes modelos para monetizar esa atención mediante publicidad, suscripciones, ventas y servicios digitales.
Google supo convertir las búsquedas en una enorme oportunidad comercial conectando a anunciantes con usuarios interesados en determinados productos o servicios. Su negocio publicitario se convirtió en una parte fundamental de su actividad.
Pero ojo: Google no gana dinero simplemente porque alguien abra una página. Su modelo incluye distintos productos y servicios y la publicidad desempeña un papel central.
La lección es más interesante que cualquier teoría conspirativa de sobremesa, algo que parece gratuito para el usuario puede formar parte de un negocio perfectamente calculado.
Con la inteligencia artificial aparece una dinámica distinta.
En internet, una visita podía convertirse en una impresión publicitaria, una venta o una oportunidad comercial. En una aplicación de IA que cobra por consumo, una consulta puede generar tanto valor para el cliente como costes de procesamiento para el proveedor. Ya no basta con presumir de tener millones de usuarios. También importa cuánto cuesta atenderlos, qué servicios utilizan, cuánto están dispuestos a pagar y si el modelo de negocio puede sostenerse.
Porque conseguir millones de usuarios es estupendo para una presentación ante inversores. Conseguir millones de usuarios que consumen recursos mientras nadie paga es estupendo para poner nervioso al director financiero. Y no, poner «inteligencia artificial» en el nombre de la empresa no convierte automáticamente las pérdidas en beneficios. Si fuera así, bastaría con cambiar el rótulo de la oficina y todos viviríamos en una urbanización de lujo.
Token arbitrage ¿oportunidad de negocio o nueva palabra para impresionar en LinkedIn? Ahora llegamos a una expresión que suena estupendamente en una reunión: token arbitrage.
En finanzas, el arbitraje consiste, en términos generales, en aprovechar diferencias de precio para intentar obtener un beneficio, teniendo en cuenta los costes y riesgos de la operación.
En el ecosistema de la IA pueden surgir oportunidades relacionadas con las diferencias de precio, rendimiento y capacidad entre proveedores o modelos.
Imagina que una aplicación necesita resumir miles de documentos. Una empresa podría comparar diferentes modelos y descubrir que uno más económico ofrece resultados suficientemente buenos para esa tarea.
Si adapta su sistema, controla la calidad y reduce costes sin perjudicar el servicio, puede mejorar sus márgenes. Eso es una decisión empresarial inteligente. No hace falta ponerle un nombre en inglés y presentarla con una fotografía mirando al horizonte.
También puede haber oportunidades para optimizar instrucciones, reducir solicitudes innecesarias, reutilizar contexto cuando sea posible o elegir modelos diferentes según la complejidad de cada tarea. Pero cuidado, una diferencia de precio no garantiza un arbitraje rentable. Hay que considerar la calidad, la velocidad, los límites de uso, los costes de integración, las condiciones contractuales y la fiabilidad de los proveedores.
Además, revender acceso a un servicio sin autorización puede incumplir sus condiciones.
Y recordemos algo fundamental, los tokens utilizados para procesar texto no son automáticamente activos negociables. Si alguien te vende la idea de que basta con acumular tokens de IA para hacerte rico, pregunta exactamente qué activo estás comprando, qué derechos tienes y de dónde saldría el beneficio.
Si las respuestas son tres gráficos, dos promesas y una foto de un deportivo, quizá el único arbitraje rentable sea el que hace esa persona entre tu cuenta bancaria y la suya.
¿Cómo puedes aprovechar la economía de los tokens sin vender un riñón tecnológico? La oportunidad más realista para muchas personas no consiste en especular con tokens de procesamiento. Consiste en aprender cómo funciona el negocio y crear soluciones útiles.
1. Aprende a calcular los costes.
Comprende la diferencia entre tokens de entrada y salida, consulta los precios de los proveedores y calcula cuánto cuesta realizar una tarea. Si vas a crear una aplicación, necesitas saber cuánto te cuesta cada uso y qué margen te queda.
2. Resuelve problemas reales.
Puedes explorar herramientas que ayuden a resumir documentos, organizar información, automatizar tareas repetitivas o facilitar la atención al cliente.
La pregunta importante no es «¿qué aplicación de IA puedo crear?», sino «¿qué problema merece la pena resolver?».
Hay una diferencia enorme entre ambas preguntas. La primera puede terminar en otra aplicación que nadie necesita. La segunda, al menos, empieza por mirar qué necesita la
Este artículo tiene carácter informativo y educativo. No constituye asesoramiento financiero ni una recomendación de inversión. Los modelos de negocio basados en IA implican costes, riesgos técnicos y comerciales, y no garantizan beneficios.