(Traducción del titular: “Ahora no, que estamos bastante liados”)
Cuando todo apuntaba a que Estados Unidos iba a poner orden en el mundo de las criptomonedas, apareció el Senado de EE.UU., levantó la mano y dijo algo muy técnico y profundo, dando un golpe sobre la mesa:
“Mejor lo dejamos para luego.”
Y así, sin dramas ni fuegos artificiales, la regulación cripto volvió al lugar donde descansan las grandes decisiones difíciles, el cajón del “ya veremos después, si eso”.
“Necesitamos más tiempo y consenso.”
La versión para la población sería: “Con la economía como está, no vamos a tocar nada que pueda romperse más.”
Regular las criptomonedas ahora mismo sería como ponerte a reorganizar el armario mientras la casa se inunda. Posible, sí. Recomendable… no tanto.
Tipos de interés altos (y sin intención de bajar)
La gente compra menos (porque el dinero no se estira solo)
Deuda pública por las nubes
La bolsa y los mercados nerviosos
Con este panorama, sentarse a regular Bitcoin, Ethereum y compañía no parece prioritario. Primero arreglamos la economía… luego ya veremos si entendemos el blockchain.
Regular las criptomonedas no es solo decir “esto sí” o “esto no”. Implica decidir:
qué pasa con los bancos de toda la vida
cómo funcionan los exchanges
quién controla las stablecoins
y, sobre todo, quién cobra impuestos
Y claro, tocar todo eso en un momento económico delicado es como jugar al Jenga financiero, una mala pieza y se viene todo abajo Así que el Senado ha elegido la opción más segura, que es la de no tocar nada.
Política dividida (y nadie quiere arriesgar votos)
Presión de bancos y grandes empresas
Poco conocimiento real sobre criptomonedas
Miedo a quedarse atrás frente a otros países… o a regular demasiado pronto
el mercado cripto sigue funcionando
los inversores siguen cruzando los dedo
y la volatilidad sigue haciendo horas extra
La regulación llegará algún día. No hoy. Hoy toca sobrevivir a la inflación, a la deuda y a los discursos políticos. Y hasta entonces, las criptomonedas seguirán siendo eso que:
unos no entienden
otros temen
y algunos acumulan mientras los demás esperan instrucciones.
Porque si algo nos ha enseñado la economía moderna es que, cuando los políticos dudan, el mercado no espera.